Antonio Orihuela
Las plantas sagradas nos recuerdan que somos espíritu, comunidad y naturaleza; y recuperar esos vínculos, entrelazar esas tres realidades, reconocer que somos “eso”, en medio del colapso social y ecológico al que nos abocamos, es lo único que nos podrá salvar como especie. Sin embargo, seguimos en guerra contra la expansión de la conciencia, es decir, contra nosotros mismos; seguimos en guerra contra los demás, porque así lo dicta el neoliberalismo, y seguimos en guerra contra la naturaleza, cuando deberíamos estar en guerra contra el capitalismo. En este sentido, las plantas sagradas son un magnífico aliado para descubrir esas costas extrañas, esos caladeros de belleza desconocidos; son la gran hoguera en la que verás arder todas tus adherencias, en la que chisporrotearán y se derretirán todos los implantes; la puerta para acceder a la delicada delicia del eterno momento. Preservarlas, venerarlas y aprender de ellas me parece una de las escasas vías que nos queda para parar el biocidio en ciernes. Felicitar a Jill Pflugheber y Steven F. White por acercarnos a lo que somos.
Antonio Orihuela es poeta y coordina los Encuentros “Voces del Extremo” de la Fundación Zenobia y Juan Ramón Jiménez de Moguer, España. Foro de comunión de sentidos y sensibilidades contrahegemónicas.
