Dana Sawyer
Durante vastos milenios antes de la llegada de la ciencia, nosotros, como especie, conectamos con el mundo natural a través del arte y la música, en gran parte relacionados con las plantas sagradas, lo que no quiere decir que la ciencia no pueda hacer lo mismo. La conexión es lo que más importa y lo que nos lleve a esa comprensión es lo que funciona. Somos producto de nuestro planeta; pertenecemos a él. Como dijo una vez Alan Watts: «No vinimos al mundo, salimos de él». Hace varios años, mientras asistía al Simposio de las Religiones del Mundo en Salt Lake City, escuché cómo un nativo kogi de Colombia dejaba esto muy claro al relatar: «Puedo cortarme la mano y vivir. Incluso puedo cortarme las piernas y vivir. Pero no puedo cortarme esto [aquí señaló un vaso de agua] y vivir. Entonces, ¿dónde empieza y acaba mi verdadero cuerpo?». La atmósfera del mundo ha dado forma a nuestros pulmones, y las plantas del mundo han dado forma a la atmósfera del mundo. Estamos inextricablemente entrelazados con el mundo; más exactamente, nosotros -en el sentido kogi- somos el mundo y el mundo somos nosotros, no hay cortafuegos entre ambos. Ésta es la razón más profunda por la que quedé tan prendado de las extraordinarias imágenes y textos de Microcosmos. Las plantas sagradas son nuestros caminos a casa. Sólo tenemos que tomarlas de la mano. Todo es cuestión de conexión.
Dana Sawyer, catedrático emérito de Religión y Filosofía del Maine College of Art y autor de Aldous Huxley: A Biography y Huston Smith: Wisdomkeeper.
