Santiago Eslava-Bejerano y Carolina Sánchez
Plantas sagradas: espejos y mensajes
La estigmatización y prohibicionismo dificultan el acceso al conocimiento de primera mano de las plantas sagradas de las Américas y el Caribe. Además, muchas fuentes virtuales de información acrecientan la distancia entre las personas y las plantas a través de la recopilación de datos o la creación de información de mala calidad que criminaliza a las plantas y a quienes las usan. Así, la carencia de comunicaciones significativas priva a las personas de experimentar la agencialidad de las plantas en tanto “mensajeras químicas” de visiones o de experiencias de bienestar. Frente a esta limitación, Microcosmos: Homenaje a las plantas sagradas de las Américas es un espacio virtual que permite el contacto y la cercanía con plantas sagradas cuyo poder espiritual tiene un correlato estético. Este archivo digital surge de una colaboración entre arte y ciencia, abierta a pensar nuevos vínculos entre las dos disciplinas.
Quisiéramos destacar también el carácter colectivo de este trabajo que crea un espacio de acceso libre y de encuentro virtual con las plantas medicinales. Algunos de los integrantes del colectivo son el investigador y escritor Steven F. White y la científica Jill Pflugheber, especialista en microscopía. Lxs investigadorxs cuentan con la complicidad de otras personas, como la poeta Esthela Calderón, así como la colaboración con las plantas vivas, el microscopio confocal de la universidad de Universidad St. Lawrence, la red de la internet, entre otrxs agentes.
La experiencia de acceder al sitio web se diferencia de la mirada distante de quien pasea por un gabinete de curiosidades o un museo de historia natural. Podría caracterizarse más bien como la entrada a una nueva dimensión de la realidad. Una capa virtual, universal, especular, que refleja pieles y formas íntimas de las plantas que se asemejan a las imágenes de las conexiones neuronales y los tejidos de nuestros propios cuerpos. Así se crea un juego de espejos e inversiones entre lo que está dentro y fuera de los cuerpos vegetales, humanos, animales, geográficos, planetarios. Esto es posible gracias a la vivacidad de las imágenes del microscopio confocal que captan la belleza de estructuras botánicas microscópicas e invitan a permanecer en ellas en tanto lugares de contemplación y encuentro. De este modo, el microscopio deviene mensajero de las mensajeras, el portador del “ensueño de la vida dentro de la vida”, como afirma Steven White citando a Susan Stewart.
En estas imágenes de belleza hipnótica, las plantas no florecen sino fluorescen con las emisiones del microscopio. Esto es, para generar experiencias estéticas a partir de imágenes, las plantas actúan sobre el microscopio: las moléculas de las plantas emiten fluorescencias como reacción a ser expuestas al láser. Las emisiones de esta fluorescencia son las imágenes que parecen dibujos de neón, pieles de reptiles, medusas brillantes, entre otras transparencias coloridas que nos conectan.
Luego de la contemplación de las imágenes, que podría compararse con una experiencia visionaria, se abre el camino para que las plantas puedan recobrar el espacio de poder que les corresponde en nuestra vida cotidiana. Así, el arte y la ciencia se vuelven aliadas de la planta. En el caso de la Erythroxylum novogranatense, las imágenes, que parecen piel de reptil y de río, pueden interpretarse como parte de lo que el artista colombiano Wilson Díaz llamó “Movimiento de liberación de la planta de coca”. Con la ayuda de la planta misma, estas imágenes de la coca, como en la obra del artista Edinson Quiñones, nos ayudan a desaprender la criminalización de la planta para reparar en sus poderes de sanación y compañía, en la energía que la planta nos da para caminar la montaña y conectarnos con lo que nos rodea. Así, los retratos microcósmicos contribuyen a que la coca siga siendo la planta que se masca, como el pensamiento, en los Andes.
Santiago Eslava-Bejarano y Carolina Sánchez
Co-editores
Plataforma Latinoamericana de Humanidades Ambientales
