Jorge Riechmann

En una entrevista en la revista Cáñamo preguntaron al poeta Antonio Orihuela por qué desde la izquierda a menudo se ha condenado el uso de drogas como una práctica alienante, y la respuesta fue: “Quizás por el puritanismo ideológico desde el que se encaró la lucha de clases desde el siglo XIX. La clase obrera, como contrapuesta a la burguesía, tenía que asumir un imaginario antagonista y, por tanto, liberado de todas las lacras burguesas, entre ellas, las drogas; aunque su consumo, en realidad, estaba extendido a todas las clases sociales, si bien no todos consumían las mismas. La cruzada contra el alcohol y el tabaco, entre los anarquistas, es un buen ejemplo de ello, pues eran las más comunes entre el proletariado. De otro lado, los paraísos artificiales se veían como mecanismos de desactivación de la lucha social y de evasión de la realidad, por lo tanto, debían estar en las antípodas del obrero consciente, comprometido y combativo. A mi modo de ver, se obvió que la primera batalla a ganar era contra uno mismo, contra la construcción del yo que hemos asumido como natural bajo el capitalismo, y que determinadas sustancias también pueden contribuir a abrir la realidad, a transformarnos y transformarla, a descolonizar nuestra mente de las construcciones sociales al uso y ayudar, desde lo espiritual, a dar forma a la vida que querríamos vivir”. (Antonio Orihuela, “La vida en otra parte” (entrevista), Cáñamo 284, 2021; Criminalizar estas sustancias enteógenas muestra una grave incapacidad de comprensión de la condición humana. Ah, si Occidente hubiese asumido con madurez el camino de las plantas y los hongos sagrados, siguiendo algunas de las más interesantes sendas contraculturales abiertas en los años 1960… Hacer frente a la crisis ecológico-social requiere cambios profundos en la psique de mucha gente (sobre todo en las sociedades y sectores sociales del Norte global), que a veces evocamos con la palabra griega metanoia. Para esa clase de transformaciones profundas, investigaciones como las reunidas en la web Microcosmos pueden servir como acicate, como estímulo y como guía. Hay que felicitar a Jill Pflugheber y Steven F. White por su iniciativa.

Jorge Riechmann, Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, España.

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